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1.- El síndrome confusional.

1.1.- Concepto.

         El síndrome confusional agudo o delirium es un cuadro de presentación más o menos brusca, provocado por una afectación global de las funciones cognitivas cerebrales.

            Su importancia radica en la frecuencia con que se presenta en los/as usuarios/as mayores obedeciendo, generalmente, a causas orgánicas que suponen un compromiso para la vida o función de los/as usuarios/as. Es potencialmente reversible, representando una de las formas más frecuentes de presentación "atípica", específica de enfermedad en ancia­nos/as.

 

1.2.- Características clínicas.

            Se hace un repaso de sus características fundamentales, siguiendo los criterios diagnósticos marcados en el DSM-II-R

  1. Reducción de la atención.

            El/la usuario/a mayor es incapaz de concentrar su atención en algo o alguien. Aparece como distraído/a, perplejo/a.

  1. Pensamiento desorganizado.

            Se manifiesta por un lenguaje incoherente, sin sentido.

 

  1. Al menos, dos de los siguientes síntomas:

1.               Reducción del nivel de conciencia.

2.               Alteraciones de la percepción.

3.               Alteraciones del ritmo sueño-vigilia.

4.               Agitación psicomotriz, o bien lo contrario, mutismo.

5.               Desorientación en el tiempo.

6.               Alteraciones de la memoria.

  1. La sintomatología reseñada se desarrolla bruscamente (en horas o, a lo sumo, en varios días), y varía a lo largo del día, sigue un curso fluctuante, siendo frecuente que empeore al caer la tarde.
  2. Uno de los dos factores siguientes se produce:

a         Habitualmente, es posible demostrar una causa orgánica causante del cuadro.

b        En otras ocasiones, puede estar condicionado por alteraciones afectivas o de adaptación a nuevos entornos.

 

 

1.3.- Factores de riesgo.

            Aunque, como posteriormente se verá, el síndrome confusional agudo suele obede­cer a causas reconocibles y tratables, se han identificado una serie de factores que parecen favorecer su aparición como expresión de enfermedad en el/la usuario/a entre los factores de riesgo, se pueden citar los siguientes:

·   Edad: la aparición de confusión aguda es más frecuente a partir de los 75-80 años.

·   Deprivación sensorial.

·   Estrés psicológico: con frecuencia en situaciones de pérdida de un ser querido, o ansiedad ante acontecimientos futuros (intervenciones quirúrgicas).

·   Deterioro cognitivo.

·   Estrés social.

 

 

1.4.- Causas más frecuentes.

            Prác­ticamente cualquier enfermedad común puede causar un síndrome confusional agudo en el/la usuario/a mayor Se citan las que aparecen implicadas con mayor frecuencia:

·   Infecciones.

·   Fármacos.

·   Enfermedad cerebrovascular.

·   Alteraciones metabólicas.

·   Traumatismos (caídas, fracturas).

·   Cirugía y períodos postoperatorios.

·   Impactación fecal.

 

 

1.5.- Actuación ante el/la usuario/a confuso/a.

            Dentro del equipo asistencial que se ocupa de los cuidados de los/as usuarios/as mayores, el trabajo del auxiliar de ayuda a domicilio, el profesional más en contacto con ellos, resultará primordial en los siguientes aspectos:

1. Reconocimiento del problema.

       Con demasiada frecuencia, los cambios más o menos repentinos que presenta el/la usuario/a mayor en la esfera cognitiva son tomados en su entorno y, desgraciada­mente, también en ciertos ambientes sanitarios, como propios del envejecimiento, o más habitualmente, como cuadros demenciales.

       Aunque no es función del auxiliar realizar ningún diagnóstico, sí ha de conocer que los cambios más o menos bruscos (en horas o pocos días) de las funciones cerebrales superiores (atención, orientación, lenguaje, conciencia, comportamiento, etc.), pueden traducir la existencia de enfermedades potencialmente reversibles que, de no ser identificadas y tratadas precozmente, comprometerán la vida o la funciona­lidad de los mayores.

       Por tanto, estos cambios detectados directamente, o a través de los cuidadores, serán comunicados con prontitud al resto del equipo, que realizará la oportuna valoración diagnóstica y terapéutica.

 

 

2. Colaboración en la investigación etiológica.

         La imposibilidad de recabar datos del propio usuario (por su cuadro confusional), hace que los cuidadores y el/la auxiliar que está en contacto con la persona mayor sean la fuente principal de orientación en la búsqueda de factores causales. La existencia de procesos febriles previos, cambios en el hábito intestinal (estreñimien­tos o diarreas), tratamientos farmacológicos (más que los oficialmente prescritos, interesa la "bolsa de las medicinas", donde se pueden encontrar productos autome­dicados, de prescripción libre o dudosa, etc.), cambios recientes en el entorno sociofamiliar (pérdida de familiares, cambio de domicilio, etc.), son ejemplos de factores que pueden estar implicados.

 

 

3. Colaboración en los cuidados programados en el domicilio.

         Con frecuencia, el abordaje diagnóstico y terapéutico del anciano que sufre un cuadro confusional agudo, requiere su ingreso hospitalario. Sin embargo, el hospital es un medio hostil para el mayor y cada vez más se tiende a manejar este tipo de situaciones en el domicilio del usuario, garantizando unos adecuados servicios de atención domiciliaria.

         Los aspectos donde el/la auxiliar puede colaborar con mayor eficacia son los siguien­tes:

a         Mantenimiento de un entorno adecuado, que mitigue la angustia del usuario, o su confusión, y favorezca su reorientación.

b        Mantenimiento de la integridad física del/la usuario/a mayor.

En numerosas ocasiones, la persona mayor confusa presenta un alto riesgo de caídas, por su situación de obnubilación, agitación psicomotriz, ansiedad, etc. A veces, es necesario acompañar y tutelar al usuario que quiere deambular. Se pueden utilizar almohadas y barandillas en la cama, para evitar caídas. La contención mecánica se evitará siempre que sea posible. Sólo se utilizará en casos extremos, siempre bajo prescripción y control médico, y de forma tran­sitoria. Es preferible utilizar mecanismos de sujeción del tronco (chalecos), que permitan la movilización en la cama, pero eviten que el/la usuario/a se levante. El/la usuario/a tiene las extremidades libres, y se mitiga la sensación de contención. Se suele preferir la contención farmacológica, transitoria, y adecuadamente controlada por su médico.

c.  Se garantizarán al usuario todos aquellos cuidados básicos, que por su situa­ción de dependencia transitoria, requiera: adecuada hidratación, nutrición, movilización, evacuación, etc.

 

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